La recesión no da respiro, economía que afixia.
TARJETAS, TASAS Y DEUDAS: EL OTRO PRECIO DE LA “ESTABILIDAD” ARGENTINA
Mientras el Gobierno celebra la baja de la inflación ficticia, millones de argentinos hacen cuentas para llegar a fin de mes y descubren que financiar una deuda puede costar casi tanto como generarla.
Hay una Argentina que se mide en el índice de inflación y otra que aparece cuando llega el resumen de la tarjeta de crédito.
La primera muestra una economía muy diferente de la que recibió Javier Milei: la inflación interanual, que había alcanzado niveles extraordinarios, se ubicó en torno al 33,8% en julio de 2026, mientras que la inflación mensual fue del 2,1%. Un resultado bastante morboso teniendo en cuenta el contexto de freno economico que atraviesa el país. En Argentina no se vive, se sobrevive, con indices mentirosos y un abanico de billeteras virtuales maquiavelicas que se divierten endeudando a la gente y generando intereses usureros que endeuda familias y complica el presente de los argentinos.
Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, en junio de 2026 la morosidad de las financiaciones a las familias llegó al 12,8%, más del doble del 5,2% registrado un año antes. En el mismo mes, la irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 7,6%. Traducido al idioma de la calle: los precios pueden estar aumentando mucho menos que antes, pero para una parte importante de la población la capacidad de pagar las cuotas no está acompañando el costo del crédito. Tiene mucho sentido si se tiene en cuenta que los salarios estan planchados desde la gran y leonina formula Mileista, que prometió cortarse un brazo antes de perjudicar a sus argentinos de bien.
La tarjeta de crédito dejó de ser solamente un instrumento para comprar algo en cuotas. Para muchísimas familias se convirtió en una herramienta para financiar gastos cotidianos, para sobrevivir. Comida, medicamentos, servicios, combustible, supermercado, compras del mes.
Cuando el ingreso no alcanza, la tarjeta cubre el agujero. El problema llega al mes siguiente, pagar el mínimo y volver a cubrir las necesidades más básicas. El circulo perfecto para los bancos, socios del poder economico.
En febrero de 2026, la morosidad de las tarjetas de crédito había llegado al 11,6%, mientras que los préstamos personales alcanzaban el 13,8%.
Y el deterioro siguió siendo particularmente fuerte en los préstamos personales: para junio, distintos reportes basados en datos del BCRA ubicaron su irregularidad en torno al 16,3%.
La fotografía es clara: cuando una familia necesita crédito para cubrir consumo corriente, y después necesita otro crédito para pagar el crédito anterior, ya no estamos hablando solamente de una cuestión financiera.
Estamos hablando de endeudamiento estructural.
La mora aumentó fuertemente. El desregulamiento de las tasas y la compulsiva e imperiosa forma en la que los bancos necesitan darte un prestamo para ganar mas demuestra la falta de interés del Estado de proteger y respaldar a su gente.
¿Y QUÉ HACEMOS CON LAS TASAS?
Durante agosto, el Banco Central estableció una tasa de referencia del 66,44% nominal anual para las financiaciones de tarjetas de crédito y de compra emitidas por empresas no financieras durante el ciclo de facturación de septiembre. La normativa permite, para esas entidades, un margen de hasta 25% sobre esa referencia, lo que lleva el máximo a aproximadamente 83,05% nominal anual.
Y atención: TNA no es lo mismo que costo financiero total. Para el consumidor, la cifra realmente importante es el CFT, porque puede incorporar intereses, seguros, impuestos, comisiones y otros conceptos.
Por eso una publicidad que dice “tasa del 70%” no significa necesariamente que financiar una compra vaya a costar solamente un 70% más.
La pregunta que debería hacerse cualquier persona antes de aceptar un préstamo es mucho más sencilla: ¿Cuánto voy a devolver en total? las tasas son insalubres.
El propio Banco Central viene recomendando comparar el costo total, las tasas y los plazos antes de tomar un crédito, una dinámica tan macabra solo ahoga a la gente en un contexto donde no hay esperanza.
EL GOBIERNO: “EL MERCADO LO VA A CORREGIR”
La posición del Gobierno del presidente ausente Javier Milei frente al problema es sustancialmente diferente a la que plantea la oposición.
El oficialismo sostiene que el Estado no debería fijar arbitrariamente las tasas del crédito privado y que una parte de la solución debe surgir del propio funcionamiento del mercado.
El ministro Luis Caputo admitió incluso que existen tasas que pueden considerarse abusivas, pero defendió la idea de que la corrección debe producirse principalmente por mecanismos de mercado y mediante refinanciaciones.
El Gobierno, mientras tanto, viene tomando medidas destinadas a ampliar la oferta de crédito.
Entre las iniciativas recientes aparece la decisión de canalizar hasta $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) hacia el sistema bancario mediante licitaciones de depósitos, con el objetivo de impulsar el crédito hipotecario y contribuir a reducir sus tasas. El Gobierno sostiene que el mecanismo puede generar nuevos préstamos para vivienda y dinamizar la construcción. Que plan mas deshonesto, manotear plata de los jubilados.
También comenzó a implementarse el sistema de Cobro con Transferencia, una herramienta diseñada por el BCRA para que las entidades puedan cobrar cuotas de préstamos mediante transferencias, con una implementación prevista desde el 31 de agosto de 2026.
El problema es que ninguna de estas medidas constituye, por sí sola, una solución inmediata para una persona que ya está atrapada entre el resumen de la tarjeta, el préstamo personal y los intereses acumulados.
LOS BANCOS TAMBIÉN PIDEN CAMBIOS
La situación llegó a tal punto que las propias entidades financieras comenzaron a pedir al Banco Central modificaciones que faciliten la refinanciación de los deudores, para aquellos que piensan que la situación no es seria...
ABAPPRA propuso flexibilizar los mecanismos de clasificación y registración de personas que se encuentran en mora para facilitar acuerdos de refinanciación.
A ver: el problema ya no es solamente que el deudor quiera pagar. El problema empieza a ser que el deudor NO PUEDE PAGAR en las condiciones originalmente pactadas, quiere, PERO NO PUEDE.
Y un banco puede preferir cobrar una deuda refinanciada durante varios años antes que transformar al cliente en un incobrable.
¿QUÉ PROPONE LA OPOSICIÓN?
La oposición viene reclamando que el Estado tenga un papel más activo. En el Congreso se presentaron proyectos destinados a enfrentar el sobreendeudamiento familiar mediante mecanismos de refinanciación y protección del consumidor.
Entre las iniciativas aparece un denominado Régimen Esencial de Desendeudamiento, que plantea auditar las deudas y establecer planes de pago con cuotas que no superen el 30% de los ingresos familiares. También se planteó una denominada Ley de Segunda Oportunidad, destinada a permitir la reestructuración de pasivos de personas sobreendeudadas.
Además, existen proyectos que buscan establecer mecanismos específicos para las deudas de consumo, incluyendo tarjetas de crédito, préstamos personales y otras financiaciones. Uno de los proyectos disponibles en la Cámara de Diputados propone precisamente un régimen de refinanciación para deudas de consumo contraídas por personas físicas.
El planteo opositor es bastante sencillo: si millones de personas no pueden pagar, no alcanza con decirles que paguen. Hay que crear las condiciones para que puedan hacerlo.
EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE EL QUE DEBE
Hay una discusión política detrás de todo esto, porque claro, todo es político.
Para el Gobierno, el crecimiento del crédito es una condición necesaria para que la economía se normalice. La lógica es que una economía estable, con menor inflación y un sistema financiero más profundo, debería terminar generando tasas más bajas. Para sus críticos, en cambio, existe una contradicción: si la inflación bajó pero el costo real del financiamiento sigue siendo muy elevado y los ingresos no recuperan suficientemente su capacidad de compra, el resultado puede ser una explosión del endeudamiento, BOOM!
El Financial Times describió recientemente una situación similar: mientras la inflación argentina se redujo drásticamente respecto de sus máximos, alrededor del 16,3% del crédito al consumo aparecía con atrasos de al menos tres meses, afectando a millones de prestatarios.
La discusión, entonces, no es solamente si Milei logró bajar la inflación. La discusión es qué precio está pagando la sociedad por la forma en que se está produciendo esa estabilización. Milei sacrificá sus corderos por ego.
¿QUÉ PASA CON LAS PYMES?
El problema también atraviesa a los pequeños comercios. Una pyme que vende con tarjeta puede recibir el dinero de una venta en condiciones distintas a las de una operación al contado. Si además necesita financiar capital de trabajo mediante descubierto, adelantos o préstamos, el costo financiero comienza a formar parte del precio de cada producto.
Y aparece un círculo complicado: menos ventas → más necesidad de financiamiento → más intereses → menor margen → menos capacidad para reponer mercadería → más necesidad de crédito.
La empresa se endeuda para seguir funcionando.
La familia se endeuda para seguir consumiendo.
Y el sistema financiero cobra intereses sobre ambos.
La oposición reclama una intervención más directa: refinanciación, límites, protección al consumidor y mecanismos de segunda oportunidad para quienes quedaron atrapados en una montaña de deuda.