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Ambiente

¿Desde dónde pensamos el cuidado de nuestro territorio?

Una mirada sobre por qué la grieta partidaria no alcanza para pensar el territorio, y desde dónde sí podríamos hacerlo.

05/08/2026

Esta imagen corresponde a la movilización realizada en octubre del 2019, por el Movimiento de mujeres Indígenas por el Buen Vivir, en Buenos Aires.


Mientras discutimos quién gobernó peor, en el Congreso se juega —de nuevo, este 6 de agosto— la derogación de los límites a la compra de tierra por parte de extranjeros.

 

- ¡Con Cristina estábamos peor!

Y el otro responde:

-  ¡Pero con Macri fue mucho más grave, por suerte ahora no hay fuga de capitales!

 

Y así, mientras el país entero discute quién es más o menos "kuka", en el Congreso se posterga —de nuevo— la votación de un proyecto que podría redefinir quién puede ser dueño o no del territorio argentino. No de una metáfora: de la tierra misma, la que tiene agua dulce, la parcela de tierra donde nos juntamos a tomar mates, la que tiene litio y la que tiene glaciares. Sí, quizás nos olvidamos de que la grieta tiene esa habilidad: en cualquier domingo familiar de un argentino promedio, le interpela más discutir por la verdad y así distraernos de cuestionarnos hacia adelante: ¿desde dónde estamos pensando el cuidado de nuestro territorio?

¿Qué es lo que está en juego hoy? La Ley 26.737, vigente y sancionada en 2011 bajo el régimen de protección de tierras rurales, le pone un techo a cuánta tierra puede tener un extranjero: no más del 15 % del territorio de cada provincia o municipio, y no más de 1.000 hectáreas por persona en las zonas más fértiles del país. El proyecto al que el Gobierno le cambió el nombre y modificó para votarlo tres veces más —y que vuelve a tratarse el 6 de agosto— borra esos techos. Directamente.

Todavía me acuerdo cuando la fiebre de ganar en dólares en Argentina alteró el termómetro social, pero bueno, es que dolarizar era en sentido narrativo, más amplio, ya que las tendencias económicas de este gobierno consideran como extranjero a un Estado extranjero. Es decir, el fondo de inversión, la minera, el family office con sede en Nueva York —los que de verdad tienen esos dólares y están comprando la Patagonia o el norte argentino— y sí, están quedando afuera de cualquier control. Un informe de julio de este año por la Universidad de Buenos Aires ya identificó 36 departamentos donde la extranjerización supera el límite legal actual: en San Carlos, provincia de Salta, seis de cada diez hectáreas rurales ya están en manos extranjeras.

Esto no es una discusión abstracta sobre la soberanía, sino una discusión sobre quién decidirá, en los próximos años, qué se hace con el agua, los glaciares y la tierra fértil de nuestro país. Esto es importante porque desarma el reflejo con el que solemos abordar estos temas: “mi gobierno cuida, el otro entrega”.

 Si el proceso atraviesa gestiones de distintos signos de inconsistencia política, el problema no es exclusivamente de quién está sentado en la Casa Rosada hoy; es un modelo de relación con el territorio —uno que entiende la tierra como mercancía a maximizar, no como un bien común a cuidar—. Entonces, ¿desde dónde pensamos el cuidado de nuestro territorio? Para la pensadora guatemalteca Lorena Cabnal, el territorio no empieza en el mapa, sino en el cuerpo. Ella habla del "territorio-cuerpo-tierra" y propone la necesidad de "recuperar el cuerpo expropiado, para generarle vida". Me propongo pensar esta problemática ambiental y politica, desde un lugar donde uno se la juegue por uno y se la juegue por otros; ¿cómo se puede defender la tierra desde una lógica que primero aprendió a desatender el propio cuerpo, la propia comunidad y el vínculo con lo que nos rodea? Ese es el desplazamiento que la grieta no puede hacer, porque piensa el territorio como bandera, no como cuerpo; piensa “de quién es” en lugar de preguntarse “para quién vive”. En consecuencia, mientras discutimos de quién es la bandera, se vende, hectárea por hectárea, lo que sostiene la vida de las próximas generaciones, y nos vamos a atrever a profundizar, porque lo que hoy estamos viviendo no es solo una tendencia de engagement del las derechas actuales; entonces, ¿qué territorio-cuerpo estamos dispuestos a dejar que nos quiten?.

                                                                                Por

Valentina Zerda Lo