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El nativismo de José Antonio Terry

25/03/2025


   Nacido en Buenos Aires en 1878, José Antonio Terry, se asentó en Tilcara para realizar una vasta labor cultural, desde obras representativas de tipos y costumbres del noroeste argentino hasta fundaciones de clubes deportivos. Sus telas son de un nativismo tal que algunas de ellas lo convertirán en un verdadero icono del arte argentino.

   José Antonio Terry se consolidó como uno de los artistas más influyentes de su época gracias a su capacidad de plasmar la identidad nacional argentina a través de su obra. Su mirada, diferente a las concepciones liberales de Sarmiento y Alberdi, ponía el eje en los y las habitantes de “tierra adentro” y su forma de habitar la cordillera como elemento definitorio para entender una parte como el todo de una Argentina. Como discípulo de la Generación del 80 y el criollismo, sus pinturas se fueron moldeando con la intención de reforzar la idea de lo nacional o de lo tradicional. 


   Su viaje a la Quebrada de Humahuaca en 1911 marcó un punto de inflexión en su trayectoria, le permitió nutrirse de los elementos culturales y visuales de la región. En aquellos años existieron debates caldeados que cuestionaban la necesidad de crear un “arte nacional”. En vez de viajar a Europa, ciertos pintores y escritores buscaron paisajes más cercanos para dar lugar a representaciones de lo que podía llegar a ser la “esencia argentina”. Y si existe un paisaje que abre un mundo de posibles representaciones latinoamericanas es sin duda un paisaje proveniente de la cordillera andina.


    Al establecer un lazo estrecho con la comunidad local, Terry no solo captó la esencia de los pobladores andinos, sino que también respondió a un movimiento artístico  como el nativismo que buscaba dar valor a las raíces y tradiciones nacionales, alejándose de las influencias europeas. Su obra refleja esta búsqueda sincrética que se convierte en una idealización de la cultura popular y en un testimonio del legado de pueblos originarios.

   El compromiso de Terry con la comunidad de Tilcara fue más allá de su labor artística; se convirtió en un referente local al involucrarse en diversas iniciativas sociales y culturales. Al establecer su hogar en la región y apoyar la creación de instituciones, no sólo fortaleció su vínculo con los quebradeños, sino que también amplió el alcance de su influencia artística y social. Su dedicación se aprecia en obras como Juancito en Tilcara y La enana Chepa y su cántaro, donde retrata a los habitantes con una singular cercanía y respeto. A través de esta interacción y su labor comunitaria, Terry trascendió el rol de simple artista, convirtiéndose en un agente de cambio y un pilar en la construcción de una identidad cultural argentina más inclusiva y representativa.

   Además, la vida y obra de José Antonio Terry se inscriben en un contexto histórico que revela tanto las luchas como los avances en la educación y la integración de las personas sordas en Argentina. A fines del siglo XIX, el país comenzó a dar sus primeros pasos hacia la educación de esta población, con la creación de las primeras escuelas para sordos, inspiradas en métodos como el del abad de l’Épée. Sin embargo, estas iniciativas enfrentaron obstáculos significativos, como la falta de subsidios y epidemias que limitaron su desarrollo. En este panorama, Terry emerge como una figura central, no solo por su prodigiosa carrera artística, cimentada en una formación académica sólida en Argentina y Europa, sino también por su compromiso con la educación y la promoción de la cultura sorda. 

LaRevista - Redacción