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Nuevas maneras de contar: Reinterpretación de Girl de Jamaica Kincaid desde una perspectiva de géner

25/02/2026


Ciertas líneas de interpretación en la literatura brotan como asuntos urgentes cuando se renuevan luchas sociales que se nutren de la militancia, la academia y el arte. Es algo de lo que sucedió no sólo con Girl, sino con otras producciones de la autora “Jamaica Kincaid” e incluso con autoras como Nancy Morejón y Maryse Condé. Este trabajo pretende dar cuenta de como las reescrituras de pensamientos fronterizos como los de Kincaid, recategorizan el análisis de obras como Girl a la luz de los feminismos contemporáneos. 

                                                                                                    

En primer lugar, sabemos, gracias a todo el recorrido de la materia de Literatura Hispanoamericana, que la realidad afrocaribeña fue siempre vinculada a partir de la imagen que Europa proyecta de su Otro. La historia afrocaribeña es la historia por la búsqueda de la identidad y de la apropiación de esa identidad: de una voz que pueda pensarse y hablar sobre sí misma, que pueda representarse en un discurso que muestre su visión del mundo. Ante las nuevas corrientes del feminismo contemporáneo, cabe preguntarse si se pueden repensar lo colonial desde otras voces, el “otro” dentro de la otredad europea. Así es como Albertina Seri Medei analiza cómo las últimas corrientes feministas vinieron a reinterpretar desde la perspectiva de género la lectura de Kincaid. Lo que nos dice la autora sobre «Girl» es que es:

 

un relato corto que ofrece un discurso crítico sobre las expectativas impuestas sobre las niñas y las mujeres en su rol de amas de casa y en distintas situaciones sociales. La narración, construida como un monólogo casi ininterrumpido, presenta la voz dominante de la madre, con mínimas intervenciones de la niña a quien ese discurso le es dirigido. (2024:  2)

 

Este relato encontramos una seguidilla de órdenes que tienen que ver con tareas en el ámbito doméstico, como, por ejemplo, “Lava la ropa blanca los lunes y ponla a secar en la piedra; lava la ropa de color los martes y ponla en el tendedero”.  A medida que la sucesión de órdenes va acumulándose, el texto se vuelve cada vez más hostil, no solamente por la lluvia de mandados de la madre (que representan también los mandatos patriarcales y coloniales y simbolizan a través de la figura de la madre, la figura de la metrópoli colonial), sino también por el insulto hacia la niña a la que llama “ligera”. A través de las repeticiones de como inician las órdenes “así se hace”, la autora genera un efecto de lectura asfixiante.

 

Como concluye Larisa Perez Flores, “su estilo, así como los contenidos de su trabajo, son inseparables de su desplazamiento” pero la diáspora antillana no es lo único que configura su escritura, también existe una resistencia hacia esa identidad que no es la misma que construyó estados nación en Latinoamérica. Este desplazamiento de la identidad “decolonial” (Emma Pérez, 1999) en las autoras se hace visible a través de temáticas como las tensiones raciales, “¿pero ¿qué tal si el panadero no me deja sentir el pan?”, y sexuales, “así te debes comportar en presencia de hombres que no conoces bien; así no reconocerán tan rápido la puta en la que te he dicho no te conviertas”, que dan cuenta de la jerarquización patriarcal.

 

La identidad decolonial marca es una identidad subersiva y transgresora, marcada por discursos diferentes y fragmentados provenientes de subjetividades que buscan una identidad que, si concuerdan con la lógica del colonizado-colonizador, lo hacen hasta cierto punto, ya que, como advertimos, dentro de la otredad europea, se encuentra otro que todavía no encuentra una voz en las representaciones de la literatura antillana. Dentro de la fragmentación del relato, marcado por la unilateralidad del discurso de la madre, vemos la representación de la mujer sumisa y pasiva ante las exigencias de la herencia patriarcal.

 

En conclusión, las relecturas feministas y decoloniales en Girl de Jamaica Kincaid permiten leer el relato no solo como una crónica de la reproducción de roles heteronormativos, sino como una crítica radial a las estructuras de poder que sostienen tanto el patriarcado como la herencia colonial. El monólogo dominante de la madre, cargado de mandatos y ofensas, expone una voz que delimita lo “propio” y lo “otro” en una matriz de dominación que cruza lo racial, lo étnico y lo de clase. En ese sentido, la identidad representada no se establece como una verdad fija, sino como un campo de batalla narrativo donde voces subalternas emergen, se resisten y buscan afirmar su agencia. Se trata de deconstruir una historia occidental hegemónica, cuestionar su circuito y proponer una memoria crítica que integre las experiencias de mujeres afrocaribeñas y latinoamericanas, así como sus trayectorias migratorias y transnacionales.

 

Catalina Appendino