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J Francisco Manzano: la primera autobiografía de un esclavo en Hispanoamérica

07/04/2026


La Autobiografía del esclavo poeta de Juan Francisco Manzano (La Habana, 1797-1854) es un texto singular por tratarse de uno de los escasos testimonios escritos en primera persona de la vida de un esclavo en Cuba. Se considera el germen de la literatura cubana y su redacción fue un encargo que el promotor cultural Domingo del Monte le hizo a Manzano. La cultura anglosajona cuenta con sus propios ejemplos de escritura de esclavo, que fue utilizada, al igual que en el caso del esclavo poeta, como arma de convicción en la causa abolicionista.

Juan Francisco Manzano era un mulato, hijo de María del Pilar Manzano, una de las criadas «de distinción» de la marquesa doña Beatriz Jústiz de Santa Ana, y de un esclavo mulato, Toribio de Castro. Pasó unos primeros años feliz, tratado como un nieto más de la aristócrata, y desde los doce años en la casa de la marquesa de Prado-Ameno, donde también se le trataba «como a un niño blanco». Dio muestras de gran viveza y memoria desde muy temprano, y encandilaba recitando los sermones de la iglesia o cualquier texto poético oído en la ópera francesa. Su fortuna se tuerce a los catorce años. Desde esta edad sus recuerdos son un catálogo de castigos desproporcionados y una descripción de los métodos empleados para someterlo. 

 

La autobiografía de un esclavo de Juan Francisco Manzano es el primer y único relato de un esclavo en Hispanoamérica. Este relato no muestra al esclavo negro perfecto, se verá que, a comparación del manuscrito, las publicaciones que se hacen de este texto, como la traducción hecha por Madden en inglés, si intentan crear un perfil determinado de Manzano que no muestra contradicciones, no lo muestra humano y que por lo tanto genera cercenar lo particular de su relato. La supresión de fechas, lugares, la orden de los acontecimientos, hasta de su propio nombre, suprime los “efectos psicológicos” generados por el sufrimiento, el hambre y el capricho de sus amos. Hacen de la autobiografía una obra en la que se resalta mucho más la representatividad del traductor que la obra original del autor cercenando lo particular.

El manuscrito se presenta es un contexto abolicionista muy importante ya que fue presentado junto con un informe en la Convención General Antiesclavista en Londres en 1840. Fue un texto aprovechado por otros en donde a penas el autor pudo ejercer control y tomar decisiones sobre él. El texto es una exposición clara de la vida cotidiana de la clase alta cubana, sus costumbres y las brutalidades que cometían para con la gente esclava. Esta exposición le resultaba interesante a los que buscaban un país sin esclavos y es por esto justamente que se escribió ya que del Monte invita a Manzano a escribir su vida a fin de contar las injusticias de la vida siendo esclavo. Desde aquí la relación entre Manzano y Del Monte comienza en términos de mentor-escritor, o también, viendo a Del Monte como un “letrado solidario” que ayuda a un escritor esclavo a publicar sus obras. Esta relación está inscripta por la complejidad de la situación en la que se encontraba Manzano como escritor siendo esclavo. Mientras autores como Jackson dirán que Manzano era “negro de exhibición”, Molloy afirmará que Manzano y Del Monte se necesitaban mutuamente. Sean cuales fueran las conjeturas que rodean la relación entre “mentor” y autor, hay algunos indicios que nos sirven para entender como este primer relato nos muestra que la autobiografía pareciera ser en principio el pedido de una producción con función doblemente útil: describir las atrocidades que vivía un esclavo de la época en la Habana y referir indirectamente la opinión de los abolicionistas.

Una memoria caprichosa

La autobiografía de Manzano está construida sobre una alternancia entre momentos contados con mucha precisión y detalle y momentos autocensurados. Tanto uno como otro generan en el lector un efecto. Nos ocuparemos de entender que efecto genera la autocensura. Lejos de crear vacíos, la autocensura genera la condensación de la experiencia de esos momentos, “Si tratara de hacer un exacto resumen de la historia de mi vida, sería una repetición de sucesos todos semejantes entre sí” (p). Para el autor hay momentos de su vida que no son necesarios contar, no porque no sean necesarios, sino porque muchos acontecimientos son recursivos y tratan de sucesivas penitencias, encierros, azotes y aflicciones. “Paso por alto algunos pasajes en los que se verificaría lo inestable de mi fortuna” (p 13). Esta frase condensa los años que omite de su infancia, generando un efecto de lectura determinado.

A su vez, a lo largo de todo el relato encontramos frases como “que se yo”, “no sé por qué” o “¿qué podía saber?”, que refieren a muchas actitudes erráticas de sus amos. Puede que genuinamente no sepa porque lo castigaban como puede que si sepa perfectamente cual había sido la causa. El exceso de estas frases también refiere a la autocensura que busca crear discursivamente el efecto de arbitrariedad de las decisiones de sus amos. Otras frases refieren a las sucesivas veces que lo trasladan de un lugar a otro y él no entendía a donde iban ni porqué.

Esclavo-lector-escritor

Sylvia Molloy en el capítulo destinado al análisis de la obra de Manzano sostiene dicha postura ya que un relato corresponde al pedido de Del Monte de escribir la autobiografía y el otro corresponde al registro de un sujeto esclavo-lector que a través de su obra busca su propia voz como escritor. Al respecto del primer relato, podemos decir que la autobiografía es un texto diferente a cualquier otro, es una autobiografía distinta a las que conocemos. Molloy afirma que el comienzo de la obra indica que el texto trata de una novela decimonónica de la cual el personaje principal no es Manzano, sino su primera ama, Marquesa Justiz de Santa Ana. Eso nos da indicios de lo que llaman en el Postfacio de la obra “los efectos psicológicos” de las relaciones complejas entre amo y esclavo. Uno de los ejemplos claros es el momento en el que cuenta el autor que de chico pasaba más tiempo con su ama que con su familia y es por esto que se va creando desde corta edad una ilusoria sensación de superioridad por sobre los otros esclavos. Esto llega a ser así a tal punto que Manzano se describe como “mulato entre negros”. Otro ejemplo es los efectos de esta relación tan compleja es cuando cuenta que llegó a querer a otra de sus amas, la Marquesa del Prado Ameno, como una madre, y hasta llegó a olvidar en cierta forma todo el maltrato por parte de su ama.  

Con respeto al segundo relato, la autobiografía nos muestra todos los obstáculos que tiene el autor siendo el primer esclavo negro en escribir una autobiografía en su continente. Al no contar con un material al cual mimetizar, Manzano se encuentra con todo un abismo que lo separa de las elaboraciones “cómodas” (Molloy, 2001). El yo lírico de Manzano es una de ellas. Este modelo y otros más son modelos que a escondidas memorizaba una y otra vez para crear los propios, modelos que le fueron negados toda su vida y a los que podía llegar de manera residual pero que a la vez eran fáciles de retener y adaptar a sus propias producciones. No ocurre lo mismo con su autobiografía. La sintaxis, el léxico, la ortografía y la puntuación muestran esa incomodidad como escritor y lector, su escritura es en sí “su mejor autorretrato”. Sin mencionar que este relato está atravesado por sus experiencias como lector y como escritor, experiencias sumamente particulares. El acceso a la lectura y a la escritura le son negados, solo tiene acceso a la lectura a través de retazos desvalorizados de los textos que encuentra de casualidad, “sobras de la mesa cultural de sus amos” (Molloy, 2001). Al respecto, la autora comenta que Manzano pareciera estar condenado a la oralidad y es justamente a lo que se refiere cuando habla de este relato de sujeto esclavo-lector. Coartado totalmente del acceso a la literatura tanto para leer como para escribir, Manzano configura este relato a esa imposibilidad permanente. 

 

Catalina Appendino