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Animalización medieval de lo femenino

13/04/2026


El ser humano siempre se preguntará por su origen, un largo acervo científico y cultural nos lleva a buscar respuestas que se unen con una similitud y separación de características en el animal. Son innumerables las teorías y representaciones de lo animalesco que nos ubican como animales con capacidades diferentes como el habla y el pensamiento. Así nos asemejamos a nuestros cercanos, ya sea por nuestra apariencia como por nuestro comportamiento, por nuestros gustos o por nuestras pasiones. Pero esta comparación siempre viene aparejada con la idea de superioridad de nuestra especie por sobre otras, el animal siempre funcionó, de hecho, como una representación simbólica exitosa de lo más bajo de nuestra natura. Si solo seleccionamos la cultura occidental y sus implicancias en los imaginarios colectivos actuales veremos que desde el mundo clásico hasta la edad media se sirvió a la población de infinidad de imágenes de lo bestiario, lo diabólico, lo animalesco para mostrar las pasiones, los hábitos, los pecados, los vicios más bajos. Un ejemplo son los cerdos por como comen, las víboras por su veneno, las arañas por su tejido o los osos por la cantidad de horas que duermen. 

    Las imágenes de los bajos instintos del hombre como ser humano no tienen tanta impronta en el mundo antiguo ni en la edad media como las realizaciones animalísticas que se hace de la mujer. Al ser considerado en esta época un ser inferior, discurso misógino del cual tratamos de desprendernos las mujeres hace ya varios siglos, la mujer tenía una condición de naturaleza baja relacionada directamente con seres sexuales y pecaminosos que sólo podían curarse o sanarse a través de la castidad y el matrimonio.

   Se difundió desde tiempos lejanos en teología y filosofía la importancia para la sociedad entera poder controlar esta baja naturaleza de la mujer. La representación del pecado que acompaña todos esos siglos será sin duda Eva, la pecadora por excelencia. Así la vena misógina de instituciones poderosas como la iglesia se traslada a las distintas disciplinas. No sólo lugares dentro de la literatura buscarán en el medioevo darle el lugar de instrumenti diaboli (instrumento diabólico) a la mujer colocándola como encarnación del mal y análogamente enunciar y referirse a ella como un animal. Y no cualquier animal, pues no es lo mismo un león que una víbora:


Muy en la línea de por el gusto de los enigmas medievales, cada parte del cuerpo era una especie de archivo de conocimiento que desplegaba una larga tradición no sólo literaria, sino religiosa, folklórica, médica, astrológica y hasta filosófica. (López R., 2009)


   En lo que respecta a los discursos de esta larga tradición, en la medicina, había fuentes científicas que aseguraban en la época que la menstruación de la mujer influía negativamente en el orden natural de las cosas como cuando, por ejemplo, se advertía que si un perro lamía o tocaba algo que contenga la menstruación de la mujer podía contraer rabia, o que los frutos y las cosechas se secaban o se echaban a perder con el mínimo contacto. En la política, en tratados que se usaban para la formación de príncipes, por ejemplo Secretum Secretorum, se describe a la mujer como una víbora. En la cultura folklórica los cuentos, dichos, refranes, exempla, aforismos y cantares estaban llenos de retratos de descripciones físicas que solo son un medio para dar cabida a todo un imaginario social de cómo es la naturaleza de la mujer. En este sentido la dimensión iconográfica es fundamental, por miles de años se usó la imagen para fines didácticos dirigido a ese público analfabeta que no sabe leer, pero sí mirar.