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La performance en el activismo

03/06/2026


La performance es mucho más que una representación. No solamente es arte, sino también activismo y hasta una forma de vida. Es territorio conceptual donde el cuerpo es la matriz de todo, es la “obra de arte” cubierto de “implicaciones semióticas, políticas, etnográficas, cartográficas y mitológicas” (2005: 202). En un artículo titulado "Arte y declaración política: Una performance sobre el aborto" (2018), Laura Viviana Aguirre afirma:

 

La creación artística, el acto de crear, a veces hace algo más que representar o decir algo sobre el mundo; ese algo más se vincula con la potencia de que goza —de modo privilegiado— el arte cuando lo que intenta hacer es (re)construir el lazo entre vida y política. Si el objetivo de la política es hacer de la vida más vivible (Butler, 2017), entonces arte y vida son la misma cosa: un acto de creación. Michel Foucault cuestiona esta relación entre arte y vida, y en la última entrevista que concede antes de morir se interroga por el lugar que la sociedad le dio al arte, reduciéndolo a objetos y separándolo de la vida: «¿Por qué un hombre cualquiera no puede hacer de su vida una obra de arte? ¿Por qué una determinada lámpara o una casa pueden ser obras de arte y no puede serlo mi vida?» (1984). Desde este punto de vista, esta manifestación masiva de mujeres caminando por las calles de todo el mundo puede ser leída como un destello de vida, un modo singular de hacer arte.

 

Lo performativo se puede pensar no solamente desde las artes escénicas sino también como objeto sociológico, psicológico, antropológico que trata de encontrar puntos de conexión con las performances de nuestra sociedad. Existen variedad de performances como las tecnológicas, educativas, de género, familiares ¿Cómo creemos responder dentro de ciertas instituciones como la escuela, el trabajo, la familia?¿Qué perfo se espera de nosotros como miembros de la sociedad en la que nos toca vivir? Estos marcos teóricos fijan la mirada a la teatralidad donde existe un carácter dramático en lo cotidiano, encontramos performance en un aula, en evento social, en nuestra propia casa. Sin duda, la complejidad del término hace posible pensar en la performance  como “un proceso, una práctica, una episteme, un modo de transmisión, una realización y un medio para intervenir en el mundo” (Taylor, 2012). La exigencia de ver lo performativo en todas las prácticas hace pensar en la vitalidad del termino tanto para desafiar como para sostener los sistemas de poder. 

 

 

Silvia Citro plantea la performance como “arte vivo” o “experimentación escénica”. Esta acepción habla de la combinación de lenguajes estéticos y de su carácter efímero que da cuenta de la dimensión de acontecimiento. También se caracteriza por estas vinculado con el activismo en parte por una dimensión política de la estética y esto se da gracias a las construcciones colectivas que desdibujan la distancias y las fronteras jerárquicas entre autor, director, actor y espectador. También, Gómez Peña habla de una “cartografía del performance” (2005:201) donde el artista que hace carne esta práctica. Desde el cuerpo, “el verdadero sitio”, surge todo. Este cuerpo es materia prima pero también un cuerpo ocupado (colonizado) que busca florecer las prácticas más arraigadas y automatizadas de la sociedad. Un cuerpo-artista que resiste ante a cierta actitud ontológica frente al arte. Si bien reconoce las contribuciones del teatro experimental al desarrollo del performance, advierte que el performance ha tenido influencia en el teatro cada vez que esta entra en crisis. Mientras el teatro es jerárquico, consta de la representación y tiene un tiempo ficticio, el performance es descentralizado, no tiene representaciones propiamente dichas y se despliega una multiplicidad de “yoes” en un tiempo real o, más bien, ritual. 

Por otro lado, Diana Taylor habla de la política de la palabra y de la reactualización de la performance por su posibilidad de cambio, crítica y creatividad de las repeticiones. Para la autora, la performance tiene un espacio, un tiempo y reglas determinadas operando en actos vitales de transferencia y transmisión de saberes sociales como la memoria y el sentido de identidad. Todo esto a partir de acciones reiteradas. Cita a Schechner cuando afirma que la performance nunca sucede por primera vez ya que es “comportamiento reiterado, re-actuado, revivido” (2012: 22). 

 Desde las performance de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo hasta más actuales como las del 8 de marzo (8M) buscan transmitir esa memoria y sentido de identidad de los cuerpos colonizados, ocupados. Al respecto, el artículo mencionado antes de Aguirre, muestra el caso del 8M de 2017 en la provincia de Tucumán (Argentina) con una performance capturó la atención de los medios: en la vereda de la Catedral de Tucumán, una mujer representaba a la Virgen María abortando, con sangre chorreando entre las piernas y por el suelo:

En Cuerpos aliados y lucha política, Judith Butler plantea que «[…] la acción conjunta puede ser una forma de poner en cuestión a través del cuerpo aspectos imperfectos y poderosos de la política actual» (2017: 17). La performance que organiza Socorro Rosa Tucumán se da en el marco de una marcha internacional de mujeres: cuerpos que ocupan distintos espacios públicos a lo largo del país y del mundo y cuya manifestación tiene el impulso de la precariedad.

 De este modo, la performance se nutre de la potencia política de la manifestación en el espacio público, a la vez que permite hacer foco en una problemática cuyas víctimas directas no pueden tener presencia. Las víctimas no pueden poner el cuerpo porque se encuentran fuera de los parámetros de la legalidad, están privadas de su libertad, o directamente porque no están. La performance posibilita dar presencia al cuerpo ausente; de modo tal que, si trasladamos el popular enunciado de Jacques Derrida (1989) a propósito de la literatura, podremos decir que el arte es la institución que le permite a uno decirlo todo. ¿Pero hasta dónde llega esa autorización de poder decirlo todo? De ahí la polémica. De ahí el escándalo. Eso que la sociedad quiere borrar, eso que el Estado no concibe dentro de sus parámetros, el arte lo convierte en acontecimiento. 

 

Catalina Appendino