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Cultura, arte y danza

El arte metafísico de Giorgio de Chirico

"Hay más misterio en la sombra de un hombre caminando en un día soleado, que en todas las religiones del mundo" (Chirico)

28/02/2024


   La pintura metafísica es un movimiento artístico genuinamente italiano que quiso mostrar pictóricamente una atmósfera onírica ubicada en plazas italianas desiertas, mezcladas con casuales yuxtaposiciones de objetos. El movimiento inicia con un manifiesto publicado por Giorgio de Chirico en 1919 titulado Nosotros, metafísicos. Aunque muchos definen este estilo como sólo un dispositivo precursor, ya que no tuvo ni muchos seguidores ni duró mucho, se basó básicamente en una relación entre de Chirico y Carrá, ambos líderes del movimiento, sus pinturas se pueden diferenciar fácilmente de los estilos que emergerán más adelante.

 


   Una vez más se evidencia cómo el arte italiano influyó en movimientos que se consolidarían más tarde, décadas después. En este caso, gran parte de los pintores surrealistas verían a este movimiento como principal fuente de inspiración. La pintura metafísica se caracteriza por sus imágenes de misterio y enigmática atmósfera, lograda mediante perspectivas e iluminaciones irreales. Sus composiciones presentan un fuerte sentido arquitectónico y un sosiego estático que los pintores, todos ellos italianos, habían absorbido del Renacimiento. Intentan, a través de la supresión de toda relación lógica entre los objetos y a través de la restitución de una visibilidad enigmática de lo real, transmitir en sus cuadros la profunda significación del sin sentido de la vida. De Chirico es considerado el principal precursor de la pintura surrealista y su período metafísico va a ser determinante para corrientes posteriores, como la Nueva Objetividad o el Realismo Mágico.

 


    Entre las pinturas Metafísicas más renombradas se encuentra la de Giorgio de Chirico que en Italia de 1917 pinta Hector y Andrómaca, una viudez prematura (1) donde sin facciones determinadas se entiende la súplica de la enamorada hacia el soldado que parte, es el himno a un no te vayas. El profeta (2) o también Canción de amor (3)(1914), claro ejemplo de su pintura como una antesala a lo onírico. Así mismo, se encuentran obras de Carlo Carrá como La casa roja (4) (1927), donde deja atrás el futurismo para iniciarse en lo metafísico u obras como Beethoven (5) de Felice Casorati donde vemos un cuadro limpio y pulcro, propio de ese «retorno al orden» que prevalecía en las artes como una reacción a la guerra en esos años. 

Catalina Appendino


"Hector y Andrómaca

"El profeta"

"La canción de amor"

"La casa roja"

"Beethoven"