Se dice que en 1886, el famoso catalán Dr. Antonio Palau y Queralt lleva a cabo la construcción del primer complejo hotelero termal en Sudamérica, lo que es hoy el Hotel Termas de Rosario de la Frontera. “Se dice” porque, al parecer, existen varias fechas de la apertura de este complejo ya que las construcciones y demoliciones fueron tantas como las inauguraciones y aperturas. Carlos Jesús Maita, un rosarino quien tiene varios trabajos de investigación acerca del lugar y específicamente del doctor Palau, asegura que su inauguración oficial fue el 1 de abril de 1880 y que la fecha arriba mencionada tiene más que ver con el hotel levantando construcciones de ladrillo y a gran escala pasando de ser simples casillas a un edificio estilo neoclásico racionalista destinado para el alojamiento, baños termales y recreación de sus visitantes.
“Los emprendimientos del Dr. Palau estuvieron en marcha varios años antes que Mar del Plata, Bariloche, las sierras de Córdoba y que cualquier otro punto de la Argentina que hoy se ofrece como atractivo turístico.No en vano, entonces, Palau es considerado como el precursor del turismo internacional en Argentina”. (Maita, 2019)
El trayecto de Cataluña a Rosario de la Frontera es largo. Palau, residiendo en Tucumán, en 1875 se interesa por las tierras y la importancia de sus aguas por sus efectos terapéuticos. Algo que los grupos indígenas de la región llamaban “Inti Yago” (lugar del sol), en 1878 pasa a ser propiedad de Palau para convertirse en el primer balneario no sólo de Argentina sino el primero de América del Sur.
Atrás de la histórica edificación, se alza el Cerro Termas, de donde proviene el fluir de estas aguas. Este cerro,integrante de la cadena montañosa denominada Sierras de la Candelaria, contiene aguas con nueve clases con diferentes propiedades, las cuales fueron descubiertas y certificadas por el médico catalán para diversos tratamientos y terapias.
Ya son más de cien años de historia de esta gran arquitectura y, como el año lo indica, pasaron muchas cosas hasta llegar a ser declarado en 2015 monumento histórico nacional. Luego de un período de apogeo, el hotel pasó por varias concesiones que lo dejaron en cierto estado de abandono hasta que la provincia decidió recuperarlo para su administración, hacia 1980. Hoy es visitado por miles de turistas nacionales y extranjeros.
Adhiero a este fragmento de Sarmiento cuando fundó la biblioteca del lugar que al pasar, si bien la nieve en el horizonte se perdió, la solicitud de este Hotel y sus aguas sigue siendo la misma:
“Estos baños ya concurridos, carecen todavía de construcciones suficientes para proveer a la demanda, estando en espera quince o veinte familias, y siendo necesario poner sitio en regla, para obtener, para los que vienen en camino, local seguro a su llegada. Todo está de antemano tomado, mientras se afanan los arquitectos en coronar el morro que se eleva, sobre el conventillo que forman las casuchas, con un cuadrado que da frente a todos los vientos, dominando las vecinas colinas y dejando extender la vista sobre las copas de los árboles frondosos que salen de las hondonadas oscuras, que forman estrechos valles hasta alcanzar en el horizonte cordones de cerros cubiertos de nieve.”
Catalina Appendino